Empezar un proceso de terapia puede generar cierta inquietud. Lo desconocido suele despertar preguntas y dudas: ¿sabré explicar lo que me pasa?, ¿podré ponerlo en palabras?, ¿qué me voy a encontrar?, ¿cómo será hablar de mí con alguien que todavía no conozco?
Estas son preguntas habituales.
Cuando hacemos algo por primera vez necesitamos un poco de tiempo para familiarizarnos con ello. Es parecido a aprender a conducir: al principio estamos pendientes de cada movimiento y podemos sentir cierta tensión, pero poco a poco todo se vuelve más natural.
Con la terapia suele ocurrir algo parecido. Las primeras sesiones pueden provocar un poco de nervios o incluso miedo, especialmente si nunca has hecho terapia. Pero, a medida que nos vamos conociendo, el espacio se vuelve familiar y la terapia empieza a convertirse en algo diferente, que empiezas a valorar e incluso deseas que llegue: un momento para ti, para parar, salir por un instante del ritmo acelerado de la vida y volver a conectar contigo.
La primera sesión
La primera sesión es, sobre todo, un momento para conocernos y para empezar a comprender qué te ha llevado a buscar ayuda.
A veces el motivo está claro; otras veces cuesta expresarlo, son varios o, sencillamente, no sabemos exactamente cuál es. Solo sabemos que llevamos un tiempo encontrándonos mal con nosotros mismos o con algún aspecto de la vida que estamos viviendo.
Para esclarecer este motivo, te guiaré a través de preguntas, haciendo hincapié en aquello que considere más relevante. En definitiva, iremos tirando del hilo para poder poner a la luz qué es lo que, en este momento de tu vida, está dificultando que te sientas bien contigo mismo o con tu realidad.
Una vez que el motivo está más o menos claro —aunque a veces se necesita más de una sesión para esclarecerlo si no sabes exactamente qué te sucede—, mi labor en esta primera sesión consiste en hacerte una devolución, señalando y subrayando lo más importante y dándote unas primeras recomendaciones o una primera guía aproximada de por dónde va a ir el trabajo.
En las siguientes sesiones se seguirá trabajando más a fondo en ello, pero mi intención es que puedas salir de ese primer encuentro con una sensación de mayor claridad sobre lo que te está ocurriendo y, con ello, de alivio y tranquilidad.
Porque, una vez sabemos qué nos pasa, podemos mirar de frente aquello que nos preocupa o nos afecta y, además, tenemos una guía de por dónde ir. La realidad es que el problema se vuelve más liviano, más ligero.
Y, sobre todo, poder sentir que no estás solo en ese camino, sentirte comprendido y escuchado, suele aportar una gran sensación de tranquilidad y, en muchos casos, también de esperanza: la esperanza de que la situación puede mejorar.
Por otro lado, al final de esa primera sesión suelo contar cómo es el enfoque con el que trabajo, utilizando metáforas, poniendo ejemplos y explicando qué puedes esperar del proceso de terapia, para que puedas resolver las dudas que tengas y sentirte cómodo con el proceso.
Un espacio para las emociones
En esta primera sesión es normal que pueda aflorar alguna emoción y, aunque nos suele generar incomodidad emocionarnos con alguien que acabamos de conocer, suelo decir que este es el lugar idóneo para ello.
Las emociones precisamente nos pueden traer información muy valiosa sobre lo que nos está pasando y sobre lo que vamos a necesitar hacer o transitar para cambiarlo o mejorarlo.
Y si normalmente te cuesta expresar las emociones, tampoco hay por qué preocuparse; ya habrá tiempo de trabajar en ello. No tenemos que forzar que aparezca algo antes de estar preparados para hacerlo.
La idea principal es que está bien lo que traigas ese día. No es necesario que aquello que traigas tenga una forma determinada. Podemos darle espacio tal y como aparezca.
Para mí es muy importante que te sientas cómodo, o lo más cómodo posible, tanto en esa primera sesión como en las posteriores.
Que puedas sentir que tienes delante un espacio en el que puedes mostrarte tal y como eres, sin tener que demostrar nada, sin miedo a ser juzgado y sin necesidad de hacerlo bien.
Que sea un proceso amable y sencillo y que, aunque pudiera parecer a veces algo difícil o enrevesado, lo podamos transitar con sencillez, con paz, conectando con lo importante y quitando todo lo que sobre o nos pueda complicar o hacer sufrir innecesariamente.
¿Y qué pasará en las siguientes sesiones?
Después de la primera sesión, normalmente todo empieza a resultar más sencillo. Ya nos conocemos, conoces el espacio y sabes un poco mejor qué puedes esperar. La conversación suele fluir de una manera mucho más natural.
Seguiremos profundizando en aquello que te ha llevado a terapia y en los diferentes aspectos de tu vida que estén relacionados con ello.
Iremos observando juntos qué ocurre en tu manera de relacionarte contigo mismo, con los demás y con las situaciones que estás viviendo. Algunas veces será necesario detenernos en algo que parece pequeño o que, en principio, no parecía tener relación con aquello que te preocupaba.
Mi trabajo consiste también en ayudarte a mirar esas conexiones, a ampliar la perspectiva y a comprender qué hay detrás de determinados pensamientos, emociones o formas de actuar.
Todo ello desde una actitud de no juicio, profundo respeto por lo que estés atravesando, comprensión y empatía.
No se trata de decirte cómo tienes que vivir ni de darte respuestas cerradas, sino de acompañarte para que puedas comprenderte mejor, descubrir tus propios recursos y encontrar una manera más satisfactoria de estar contigo y con tu vida.
Durante el proceso iré explicándote lo que hacemos y por qué, para que puedas sentirte cómodo y comprender cada paso.
¿Qué cosas podrás vivir en terapia?
Conectar contigo, como hacía tiempo que no hacías.
Descubrir cosas sobre situaciones o sobre ti que te permitan contemplarlas desde otras perspectivas, que te den mayor claridad o una mirada más amplia sobre ciertos temas que ahora te cuesta ver con claridad.
Tener un espacio donde poder ser tú mismo con autenticidad, sin presión ni juicio.
Vivir momentos de empoderamiento en los que veas y percibas claramente tus fortalezas y puntos fuertes.
Encontrar comprensión al explorar las cosas que te cuestan o las dificultades.
Y, sobre todo, acercarte a estas experiencias de manera suave y progresiva, para que sea fácil, amable y puedas disfrutar del proceso.
Porque, aunque una terapia pueda tratar cosas difíciles o que nos cuestan, también se puede disfrutar al empezar a sentirse más ligero, más libre de cargas, más presente, más vivo, más empoderado. Y, además, cada vez que vamos sintiéndonos así, estas sensaciones nos van motivando en el camino para seguir avanzando en el proceso.
Yo, por mi parte, disfruto mucho acompañando los procesos de cada persona y agradezco cada momento en el que he podido entrar a formar parte de la vida de las personas que he acompañado y acompaño.


